sábado, 23 de abril de 2016

Sobre el perfil de egreso y las mallas curriculares

En estas semanas hemos estado trabajando en función a los perfiles de egreso, algo fundamental del plan curricular que debe servir como una guía para todo el proceso de diseño, implementación y aplicación del mismo. En un post anterior, he reflexionado sobre la importancia de tomar en cuenta, a partir de una investigación contextual, las demandas sociales, disciplinares, profesionales e institucionales en función de la misión, la visión y los valores institucionales tanto de la institución educativa (en mi caso, universidad) como de la unidad académica (facultad). Luego de este trabajo se deben definir las áreas de desempeño, los nodos problematizadores, los dominios de competencia y las unidades de competencia o competencias concretas.

En el mencionado post anterior reflexioné sobre la importancia de este proceso y el problema de que el perfil de egreso, muchas veces, es definido sin la rigurosidad descrita. Considero pertinente recuperar estos saberes para la actual reflexión, pues aun asumiendo que el trabajo de elaboración del perfil de egreso es realizado con la rigurosidad recomendada, identifico otro problema a la hora de elaborar las mallas curriculares: en mi experiencia, estas no han sido elaboradas en función a competencias concretas. 

Analizando los documentos impresos facilitados por la profesora Liliana Muñoz Guevara de Pebe he deducido, con entusiasmo, lo rico que puede ser el proceso de elaboración de una malla curricular. Soy muy amigo de un profesor, colega en la carrera de comunicaciones, que por varios años fue responsable de la malla curricular de la especialidad de comunicación audiovisual. Al diseñar la malla me la mostró (a mí y a otros profesores), vimos los requisitos de cada curso, la pertinencia de los mismos y le di mi opinión. Lo interesante (y preocupante) es que en este proceso nunca revisamos el perfil de egreso, es decir, le di mi opinión a partir de mi propia experiencia como profesional y, si bien el juicio de expertos es importante (asumiendo que yo fuese un experto), el primer paso no debería ser este sino el trabajo a partir del perfil de egreso que es el compromiso que asume la institución con la sociedad.

El trabajo para elaborar o evaluar y mejorar una malla curricular es un proceso cuidadoso similar a una cadena de hipótesis en donde la comprobación de una es necesaria para la otra y así hasta la comprobación de la hipótesis principal; del mismo modo, las unidades de competencia permiten la adquisición de las competencias de dominio y cada una de estas responde a un nodo problematizador, los cuales están en función al perfil de egreso (ver organizador visual); en consecuencia, los cursos deben responder a dichas unidades de competencia. Recién teniendo en claro las unidades de competencia es que se podrá determinar los cursos o módulos necesarios para el mismo. La decisión de qué cursos se implementarán y la relación entre los mismos, entonces, no debe responder al criterio o las buenas intenciones de la persona o personas que se encargan de la malla curricular sino a las capacidades necesarias para la adquisición de las unidades de competencia. Por lo tanto, si el trabajo de definición del perfil, de los nodos problematizadores, de los dominios y las unidades de competencia ha sido cuidado y meticuloso, entonces la elaboración o mejora de una malla curricular debería ser sencillo, pues es consecuencia del trabado anterior y, a su vez, deja de ser un trabajo arbitrario que depende del criterios subjetivo de una persona o un grupo de personas.

Me entusiasma poner en práctica esto. Alguna vez, cuando he revisado la malla de la carrera en la que dicto, me he preguntado: Si yo fuese el responsable, ¿qué cambios o mejoras haría? Me resultaba difícil llegar a una conclusión pero ahora, con lo aprendido, creo que estoy en la capacidad de hacer una propuesta, sin duda susceptible de ser mejorada, pero sería una buena propuesta debidamente sustentada.

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