En el mencionado post anterior reflexioné sobre la importancia
de este proceso y el problema de que el perfil de egreso, muchas veces, es
definido sin la rigurosidad descrita. Considero pertinente recuperar estos saberes
para la actual reflexión, pues aun asumiendo que el trabajo de elaboración del
perfil de egreso es realizado con la rigurosidad recomendada, identifico otro
problema a la hora de elaborar las mallas curriculares: en mi experiencia, estas
no han sido elaboradas en función a competencias concretas.
Analizando los documentos
impresos facilitados por la profesora Liliana Muñoz Guevara de Pebe he
deducido, con entusiasmo, lo rico que puede ser el proceso de elaboración de
una malla curricular. Soy muy amigo de un profesor, colega en la carrera de comunicaciones,
que por varios años fue responsable de la malla curricular de la especialidad
de comunicación audiovisual. Al diseñar la malla me la mostró (a mí y a otros
profesores), vimos los requisitos de cada curso, la pertinencia de los mismos y
le di mi opinión. Lo interesante (y preocupante) es que en este proceso nunca
revisamos el perfil de egreso, es decir, le di mi opinión a partir de mi propia
experiencia como profesional y, si bien el juicio de expertos es importante
(asumiendo que yo fuese un experto), el primer paso no debería ser este sino el
trabajo a partir del perfil de egreso que es el compromiso que asume la
institución con la sociedad.
El trabajo para elaborar o
evaluar y mejorar una malla curricular es un proceso cuidadoso similar a una
cadena de hipótesis en donde la comprobación de una es necesaria para la otra y
así hasta la comprobación de la hipótesis principal; del mismo modo, las
unidades de competencia permiten la adquisición de las competencias de dominio
y cada una de estas responde a un nodo problematizador, los cuales están en
función al perfil de egreso (ver organizador visual); en consecuencia, los cursos deben responder a
dichas unidades de competencia. Recién teniendo en claro las unidades de
competencia es que se podrá determinar los cursos o módulos necesarios para el
mismo. La decisión de qué cursos se implementarán y la relación entre los
mismos, entonces, no debe responder al criterio o las buenas intenciones de la
persona o personas que se encargan de la malla curricular sino a las capacidades
necesarias para la adquisición de las unidades de competencia. Por lo tanto, si
el trabajo de definición del perfil, de los nodos problematizadores, de los
dominios y las unidades de competencia ha sido cuidado y meticuloso, entonces
la elaboración o mejora de una malla curricular debería ser sencillo, pues es
consecuencia del trabado anterior y, a su vez, deja de ser un trabajo
arbitrario que depende del criterios subjetivo de una persona o un grupo de
personas.
Me entusiasma poner en práctica
esto. Alguna vez, cuando he revisado la malla de la carrera en la que dicto, me
he preguntado: Si yo fuese el responsable, ¿qué cambios o mejoras haría? Me
resultaba difícil llegar a una conclusión pero ahora, con lo aprendido, creo
que estoy en la capacidad de hacer una propuesta, sin duda susceptible de ser
mejorada, pero sería una buena propuesta debidamente sustentada.
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